El secuestro de un narcoavión con 400 kilos de cocaína en Santa Fe, junto con la detención de ocho personas vinculadas a la banda que trasladaba la droga desde Bolivia, marcó el desenlace de una investigación policial trascendental.

El caso se inició el 16 de septiembre pasado, cuando agentes de la DEA estadounidense aportaron a la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal Argentina un dato clave: un número telefónico argentino utilizado por José Pedro Rojas Velasco para comunicarse desde Bolivia. Velasco, conocido como “Pepa”, no era un personaje menor; era considerado “el número uno en la distribución y organización” de aviones que transportaban cocaína desde Bolivia hacia países vecinos. Además, el 26 de abril pasado fue asesinado por un sicario colombiano mientras participaba en una competencia de rally en Bolivia.
Velasco mantenía vínculos directos con el narco uruguayo Sebastián Marset, quien fue detenido el 13 de marzo en Bolivia y extraditado a Estados Unidos. La Policía Federal lo señalaba como integrante de la banda y responsable de la coordinación de los vuelos. No solo manejaba la estructura de los narcoaviones, sino que además habría realizado personalmente entre siete y diez entregas de droga.
Asimismo, Velasco coordinaba la distribución en Argentina con el clan de Brian Bilbao, detenido en Rosario desde noviembre, tras estar prófugo durante dos años. Esta conexión fue el punto de partida para que las autoridades iniciaran un seguimiento exhaustivo de la organización mediante escuchas telefónicas, que revelaron el modus operandi de la red.
La investigación, que se extendió por 45 días, contó con la intervención de la Procunar, dirigida por Diego Iglesias, la participación del fiscal federal Matías Scilabra y la jurisdicción del Juzgado Federal de Garantías N°1 de Rosario, a cargo de Carlos Vera Barros.
Velasco, además de ser millonario y un activo aficionado de las carreras de rally, decidía “a quién se entrega, cuándo y cómo” se realiza la distribución de la droga. Los registros de los días previos a la captura del narcoavión evidenciaron los obstáculos que enfrentó la banda y demostraron que nada estaba dejando a la improvisación en la planificación del vuelo: se estudiaba con detalle el lugar de aterrizaje, la descarga de la droga, el traslado posterior y hasta las condiciones climáticas, como las lluvias que podrían dañar la pista.
En una conversación fechada el 17 de abril, dos miembros de la organización —identificados como Espinosa y Díaz— discutieron cómo las lluvias habían deteriorado los caminos internos de un establecimiento rural llamado “Don Julio”, en Vera; el barro y anegamientos imposibilitaban que el camión Ford Cargo de Espinosa, apodado “el grandote”, llegara al lugar previsto para la descarga. Evaluaron alternativas, como dividir la carga o esperar la sequía del terreno, mientras analizaban la presión ejercida por el denominado “patrón” para continuar con el plan.
Cuatro días después, Espinosa y Díaz volvieron a dialogar sobre la ausencia temporal del “patrón” y la necesidad de inspeccionar el campo. En este intervalo, Velasco fue asesinado: un sicario se acercó al vehículo del piloto durante el Rally Sprint Nueva Santa Cruz, en Warnes, y le disparó seis veces. El atentado conmocionó a Bolivia y llevó a la suspensión inmediata de la competencia por parte de la Asociación Departamental de Automovilismo Deportivo de Santa Cruz (Adecruz).
La operación del narcovuelo a Vera casi se cancela el 28 de abril cuando el dueño del campo arrendó el predio a un tercero, identificado como “Loquito C”, quien comenzó a ingresar ganado en la zona destinada al aterrizaje. Esto obligó a la banda a intensificar tareas de vigilancia para evitar la presencia de testigos. Además, se ordenó a Espinosa y Díaz la compra de combustible, presuntamente para reabastecer la aeronave.
Los operativos de vigilancia confirmaron la presencia de dos camionetas —una Volkswagen Amarok negra y una Toyota Hilux gris—, y la introducción de ganado en el campo, validando el cambio de inquilinos. El 1 de mayo, Díaz informó que hasta el domingo habría gente entrando al terreno y que el nuevo ocupante llegaría el lunes siguiente.
En este contexto, una conversación reveladora entre Espinosa y Díaz aludió a la llegada de tres unidades, de las cuales una se iría y dos permanecerían, interpretado por los investigadores como referencia a aeronaves o cargamentos. Además, Díaz mencionó que “El Gordo” disponía de un depósito en el monte para resguardar el material.
El seguimiento por GPS de la Hilux de Espinosa indicó que el 2 de mayo la camioneta llegó hasta la chacra “Don Julio”. Agentes encubiertos del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) observaron a dos sujetos desconocidos encender el Ford Cargo, recorrer la zona y retirarse. Al día siguiente, Díaz y Espinosa inspeccionaron la pista y tomaron fotografías solicitadas desde Bolivia.
El 4 de mayo realizaron múltiples viajes entre sus domicilios y el campo, movieron el ganado y realizaron paradas estratégicas en la intersección con la Ruta Provincial 284-S, evidenciando tareas de reconocimiento y control territorial.
Finalmente, el 5 de mayo a las 9:33 de la mañana, un GPS instalado en la Hilux confirmó que los sospechosos estaban en posición. Espinosa anunció: “Ya están, ya vinieron”. En ese momento, la avioneta C
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